Bashar Al-Assad es el presidente
de Siria desde el año 2000. Médico con postgrado en oftalmología por el
hospital Saint Mary en Londres, habla árabe, inglés y francés. Su esposa
Asma Al-Assad de origen sirio, es también ciudadana británica y domina los mismos
idiomas de su marido, además del castellano. El proviene de la etnia alauita y
ella de la sunita, en un país mayoritariamente chiíta.
Hijo de Hafez Al-Assad, fue
preparado rápidamente para asumir el cargo, pues Basil, su hermano mayor, falleció
en un accidente automovilístico.
Al igual que su padre, es miembro del Partido Baath Árabe Socialista que se mantiene en el poder desde 1963.
Como en todo régimen perenne, a
su padre se le atribuyen excesos en detrimento de los derechos humanos, la mayoría
de las veces magnificados por Estados Unidos y la Euro OTAN que nunca han visto
bien la cercanía de la clase gobernante siria con Rusia e Irán.
Al rey Hussein de Jordania, aliado
de occidente e Israel, se le justifica todo. A Bashar Al-Assad todo se le
condena.
En los hechos, Bashar Al-Assad
ejerce un gobierno conciliador y respetuoso con las religiones y etnias
milenarias que se asientan en su país: islamista él, protege a los sirios, ya
sean sunitas, chiítas o alauitas del asedio terrorista de Al-Qaeda y el ISIS. Y
ejerce la misma protección con los cristianos coptos, ortodoxos y católicos.
Su gobierno inicialmente fue de
apertura económica. Mejoró las relaciones internacionales. Su apoyo a la causa palestina
y no haber apoyado la descarada intervención militar de Estados Unidos en Irak
le valieron críticas sistemáticas de la prensa occidental.
Recientemente su marcada
cooperación con Rusia en materia energética ha sido la causa de que el país de
las barras y las estrellas infiltre, financie y arme a los rebeldes sirios con
el fin de derrocarlo. Todo sea por el petróleo.
El lector común y corriente de
la prensa occidental escuchará que Bashar Al-Assad es un gobernante obstinado,
poco preparado, a la usanza antigua, dictatorial. Nada más lejos de la
realidad, como aquí he demostrado.
La propaganda negra no es tan
grave. En cambio sí lo es el hecho de que, desafortunadamente y como ha
sucedido antes, estos grupos subversivos financiados y entrenados por la CIA
norteamericana y el Mossad israelí terminan operando por su propia cuenta, transformándose
en sofisticados y hábiles grupos terroristas, fanáticos y letales. Justo como
lo que ahora ocurre con ISIS (Estado Islámico) que recibió este tipo de
adiestramiento.
Así las cosas, Bashar Al-Assad enfrenta un
escenario nada sencillo: por un lado tiene que controlar los brotes y
escaramuzas de los rebeldes sirios que han comprado una ambición ajena de poder
y petróleo. Por otra parte y en medio de esta división interna, ha de combatir
firmemente el terrorismo de ISIS en su país. Sin apoyo de occidente, tampoco lo
ha exigido a Rusia ni a China.
Y mientras su ejército lucha en estos dos frentes,
en las ciudades donde aun prevalece la paz y tranquilidad, el presidente, su
esposa y la sociedad civil siria trabajan en conjunto y se organizan para dar
asilo, refugio y protección a las minorías étnicas y cristianas mas alejadas,
que sufren el embate constante de los rebeldes y los terroristas de ISIS,
verdaderos criminales.
Insisto, poco de esto se conoce en occidente. Los
medios de comunicación también son leales a sus gobiernos y les hacen
propaganda, mientras se ejerce una verdadera injusticia con Siria y su pueblo.
Démosle una oportunidad a las fuentes alternativas
de información, que nos ofrecen una perspectiva diferente y que nos ayudan a
entender mejor los eventos globales, tal como lo hace RT. Las redes sociales
son también un medio valiosísimo para conocer de viva voz de las familias
sirias las dificultades que atraviesan y lo tergiversado de las noticias que se
difunden.
Yo sinceramente le deseo el mayor de los éxitos a
Bashar Al-Assad en su lucha contra el terrorismo y la calumnia.
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